la caza del delfín

Y tú, ¿comerías delfín?

Una interesante polémica ha saltado recientemente a la palestra con motivo de haber finalizado hace unos días la temporada de caza de tiburones en Taiji en Japón que se ha convertido en la diana de las críticas ecologistas. Se ha comprobado que además de tiburones, unos 500 delfines de la especie mular o nariz de botella fueron apresados mientras se faenaba, para sacrificarlos y comercializar su carne o para venderlos a acuarios y parques recreativos.

La discordia saltó porque la embajadora de EE.UU. en Japón, criticó la falta de humanidad de estas prácticas, con la respuesta inmediata de los japoneses que declararon que la cultura gastronómica de cada país es muy diversa y que no es apropiado declarar que la caza de delfines es inhumana cuando vivimos de vacas y cerdos.

Y aquí encontramos la esencia de la cuestión, ¿es posible escandalizarse por matar delfines y no hacerlo a la vez, por los millones de reses estabuladas que diariamente sacrificamos?

Estimaciones morales

Para unos, la gran diferencia entre delfines y reses, reside en que el ganado está estabulado, y es la base del consumo humano, mientras que los delfines no, porque son animales salvajes en libertad, y si los respetamos no perjudicamos el medio natural, ni a ningún pueblo en particular.

Esta idea tiene un fallo, si lo razonable es no perjudicar el medio natural ¿cómo se consiguen las ingentes cantidades de pescado para consumo que se pescan diariamente en su medio natural?

Una solución intermedia sería consumir solo especies que no estuvieran amenazadas. Lo que obligaría a acciones conjuntas muy difíciles de poner en práctica, lo que conduce a otras consideraciones que estiman que los delfines no pueden compararse con los peces, puesto que comparativamente tienen tasas de reproducción muy bajas y sobre todo están en la cima de la cadena alimentaria y son fundamentales para mantener el equilibrio biológico. Lo que llevaría a restringir su caza solo por poblaciones que dependan tradicionalmente de su consumo para sobrevivir, como ciertos pueblos esquimales.

Los vegetarianos obvian este debate, puesto que consideran que no se necesitan las proteínas animales, pues las vegetales tienen idéntico valor nutricional, sin necesidad de sacrificar animales.

Sin olvidar que según los ecologistas, este es un debate artificial porque lo que verdaderamente se esconde detrás del discurso japonés, es el gran mercado oculto tras la caza del delfín.

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