Pareja y familia

Crisis y brotes de crecimiento en los bebés

Por regla general, la producción de leche de la madre se regula según la demanda del bebé. Sin embargo, hay diversos momentos en los que el bebé puede encontrarse a disgusto o incómodo mamando. Cuando eso ocurre, normalmente se trata de uno de los muchos episodios de brotes de crecimiento.

Los científicos han llamado a este momento crisis, escalones o brotes de crecimientos, momentos en los que se da un salto cuantitativo importante en las demandas del bebé. Lo reconfortante de este proceso, que preocupa mucho a las madres, es que se produce por igual en todos los bebés, de manera que podemos anticiparnos a él y ahorrarnos así situaciones de estrés.

Brotes de crecimiento durante los primeros meses

Distinguiremos aquí los principales momentos en los brotes de crecimiento para el bebé, que ocurren durante su primer año de vida. Puesto que se trata de un elemento muy estudiado, cada brote de crecimiento tiene su particular apariencia y solución:

  • Entre el día 18 y el 20 después del nacimiento: nos encontramos aquí en la tercera semana de vida de nuestro bebé. Es normal que observemos que el bebé quiere mamar más, llora si no tiene el pecho y regurgita leche a pesar de seguir queriendo mamar. Normalmente, el bebé insiste tanto porque quiere que la madre produzca más leche. Al insistir, se genera el mensaje y la reacción. Pasados estos tres días, de forma natural el bebé se normalizará, una vez la producción de leche haya aumentado.
  • Entre las semanas 6 y 7 de vida: aquí se vive la segunda crisis de lactancia o brote de crecimiento. Vuelve a producirse un salto en la demanda del bebé, que suele mostrar una conducta alterada al tomar el pecho (por ejemplo, está nervioso, llora o se arquea). Esta situación también se supera de forma natural.
  • A los tres meses se produce el tercer brote de crecimiento: esta crisis es algo más compleja y tiene una duración aproximada de un mes. Ahora el bebé se muestra más reacio a beber leche. Lo que ocurre aquí son varios elementos que convergen. Por un lado el bebé es más rápido y hábil absorbiendo leche, por lo que las sesiones duran menos. Por otro lado, sus sentidos empiezan a eclosionar y hay muchos elementos (sonidos, colores, etc.) que empiezan a distraerlo de la tarea de mamar. Lo importante es no abandonar la lactancia en este punto.

El brote de crecimiento al año de vida

Al año de vida encontramos otra situación ligeramente parecida. El bebé ya es grande, quizá demasiado para seguir mamando, y ya consume otros alimentos. Sin embargo, cuando se produce este brote de crecimiento, el bebé muestra un repentino interés por volver a la lactancia.

Nuestro consejo es no abandonar la lactancia en ningún caso y seguir los patrones del médico. En el mes 15 o 16 el bebé volverá a equilibrarse en la nueva situación, donde predominarán los alimentos sólidos.

Es importante tener en cuenta, por último, que toda situación anómala debe ser comentada con el especialista y médico de cabecera. La madre no debería tomar ninguna decisión sólo por lo que ve en su hijo, pues muchas veces la demanda del hijo no es razonable para su correcto crecimiento y sólo un espejismo de sus propios procesos de adaptación a la vida.

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